Hace unos días pude comprobar cómo las diferencias culturales -presumibles en personas de distintas nacionalidades- no son tales cuando se trata de compartir mejoras en el ámbito formativo.

Aplicar la Inteligencia Emocional en los procesos formativos y organizativos, ha sido el hilo conductor de una jornada que desde su inicio no ha dejado a nadie indiferente. Además se han realizado dinámicas que muestran al grupo como generador de proyectos más completos contra poniéndolo al resultado del trabajo individual. Todo aderezado con una exposición con numerosas intervenciones que han generado un clima de aprendizaje exponencial.

Para finalizar y con la complicidad de varios vídeos han aflorado emociones compartidas, que han dado validez al desarrollo de la jornada, provocando además un sentimiento útil al empleo de la Inteligencia Emocional como herramienta de cambio/gestión individual y del entorno.

Mañana más y posiblemente mejor.